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Que carta tan expresivamente fantástica para ilustrar el eterno ying-yang del espirítu argentino, la antinomia peronismo-gorilismo (más habitualmente denominado antiperonismo).

Cuando se le concede al gorilismo la virtud de su tendencia a la ética caballeresca y el paladin de los procedimientos, enlaza directamente su genealogía con la tradición europea. Desde el proyecto político de los padres fundadores iluminados por el iluminismo revolucionario frances, pasando a los integrantes de la dirigencia de la Generación del 80' y su admiración a la ética calvinista-protestante anglo-europea, y, ya en los inicios del siglo XX, en una convergencia pluriideológica de los ultranacionalistas germanofilos, radicales que aspiraban a alcanzar la cultura burguesa de clases medias del viejo continente, hasta los socialistas, comunistas y hasta anarquistas clásicos que seguían el Faro del movimiento obrero europeo, todos generaban una fuerza social que ponía a la civilización argentina como la versión más austral de Europa.

Y luego llegó el 17 de octubre de 1945. De repente, esa parte de la sociedad se encontraba con un inconsciente siniestro que aguardaba latente, esperando con actitud acechante para capturar el destino de la patria.

Una forma reactivada de barbarie volvió a poner a la facción de la civilización a reaccionar como si se hubiese visto arrastrado a tomar el papel de un testigo de un horror cósmico sociológico. Oh, el horror.

Al principio, la civilización penso que la meta de hacer emerger a Europa, su desarrollo histórico, se había visto obstaculizada por una anomalía, algo temporal. Un error. Entonces era plausible que la resolución para ello fuese la sanitización cultural. Pero nunca curo. Nunca se corrigió.

"...no son ni buenos, ni malos; son incorregibles”

Lo intento varias veces, de distintas formas, con voto y, siendo sinceros, con armas y el uniforme militar. Pero lo que hallaba era siempre lo mismo: otra vez, su condición latinoamericana lo llevaba a frustrar sus aspiraciones con su realidad. Un Tercer Mundo que entraba en crisis de identidad en su infructuoso intento de hallarse parte del Primer Mundo.

La civilización se dió cuenta de un hallazgo más simple como a la vez profundamente perturbador: eso siempre estuvo ahí. La barbarie. No solo eso: la barbarie es el principio de la civilización, y a ella volverá.

<<Porque polvo eres y al polvo volverás>>

Examinemos ahora las siguientes palabras: "El peronismo no puede perder sin mutar y deformarse, y queda como una bestia herida, cada vez más tonta a medida que acumula fracasos."

Hasta acá queda claro entonces que, el peronismo ha tenido una conexión históricamente cercana con el "más allá", con el Afuera, el Outside, capturando de manera exitosa público de todas las tribus espacio-temporales de fuerzas políticas, sociales, científicas y culturales. Ha utilizado de manera admirable -y bordeante con lo temerario- técnicas y fuerzas solo comparables a "La Cosa" de Jhon Carpenter.

Acá hay 2 posibles posibilidades de las que salgan de este proceso:

-la captura de la autoridad del destino del país a partir de mecanismos de la literatura weird por parte del peronismo empieza a perder fuerza a partir de una pérdida de poder adaptativo-evolutivo y representativo. Osificación. Esclerosis. Temperatura bajo cero. Enfriamiento del universo.

-Algo rompió la jaula y escapo. No has encerrado bien a la criatura. Brecha de contención.

El peronismo se confió tanto de sus talentos que nunca llegó a pensar algo inconcebible: que el gorilismo, tan huidizo al "Afuera", la opresión cognitiva del pueblo "peronista", cayese al propio pozo de la barbarie. El caballero bebiera esa vulgar bebida: Vino tinto en tetrapack. Manaos y pitusas. Choripan. Esto es lo que pasa cuando forzas la justicia social hasta en los nutrientes y alteras el código filo-genético. O mejor dicho, muta en esa alteración también latente.

Un caos grotesco escapó de una sopa fétida de las zonas más brumosas de la economía informal. Los pocos testigos que vieron lo que salió en aquel momento de ese portal inmundo, esa galaxia de plagas solo concebidas por una mente tan retorcida por un Nyarlathotep, afirmaban haber escuchado unas palabras que disparaban sus miedos hasta sus extremos más irracionales, en un idioma que no alcanzaron a reconocer pero que decía algo así:

"On ne tue point les idées"

Un día, la civilización cometió un acto de insensatez, producto de su exposición tan prolongada a los guardianes de la barbarie. Abandono sus finos hábitos, su estética, su lenguaje, y se dió cuenta que estaba en medio del desierto. Al principio fue una situación atroz. Luego se fue calmando. Todo era normal. Se miró su reflejo en un charco de agua y dejo caer una lágrima. Tenía algo en su mirada, una mueca solo posible de encontrar en un salvaje. ¿Era su exposición al desierto lo que hizo esto, o era algo incluso más profundo? El pigmento de su piel lo observaba también distinto. Comprendió entonces aquella vez que se enbraveció cuando alguien tiro un comentario satírico trabajando en esa verdulería de su esquina.

Entonces comprendió. Por una vez, quería que fuera la barbarie la que se pusiera en su lugar. No, ya estaba en su lugar, ella era la civilización ahora. Y esta, ahora barbarie.

La antigua civilización encontro un sentimiento que siempre resistió. Dejaba más seguido su ética de caballerosidad medieval y dejaba paso a un fino resentimiento. Luego, una espantosa pero a la vez fascinante idea comenzo a darle vuelta por la cabeza.

Quería que los representantes de la barbarie comprendiesen lo que se sintió el día que vieron en sus balcones a esos rostros de tez tan distinta.

Y por una vez, ellos, sentir como era poner los pies en el agua de la fuente.

Avatar de Chambiland

El gorila no tiene huevos. No puede ser nunca Wolverine.

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